Palabra de ministro

Granada, hasta la revuelta sanitaria, se ha caracterizado por la apatía de sus habitantes y la insignificancia de sus élites.

Nicolás María López Calera, catedrático de Filosofía del Derecho y uno de los intelectuales más brillantes, honestos y valerosos que ha parido la ciudad, refería mucho una anécdota familiar para explicar el ensimismamiento del ser granadino. Su propio progenitor, que fue administrador de la Alhambra y murió con los cien años cumplidos, era muy poco aficionado a viajar; pero en ocasiones, forzado por las obligaciones laborales, se armaba de coraje, cogía el coche y ponía rumbo a Madrid. El trayecto solía realizarse sin contratiempos hasta pasado Guadix; a esa altura el padre de Nicolás se dejaba vencer por su naturaleza y, con la mirada fija en la carretera o girando ligeramente el rostro hacia su esposa, repetía invariablemente: “Niña, ¿a dónde vamos? ¡Con lo a gusto que se está en Graná! Anda, nos volvemos para casa”. Y volvían.

La visita del Ministro de Fomento y su promesa de que el AVE llegará a la Estación de Andaluces en 2018 me ha traído a la memoria la anécdota y su pertinencia para expresar la apatía y la incapacidad de Granada para sobrepasar sus fronteras. Después del enésimo aplazamiento, que fijaba la entrada en funcionamiento del AVE en el otoño próximo, viene De la Serna, construye un mal pareado y suelta que, con esto y un bizcocho, hasta el 2018. Lo que, en labios de un político, significa que el AVE jamás llegará antes… pero no garantiza en absoluto que llegue en esa fecha. Cuando no está refrendada en un documento oficial, la palabra de un ministro, de un diputado, de un alcalde, y hasta de un presidente de Gobierno, posee escaso valor, o ninguno. ¡Nos lo han enseñado ellos!

 Cualquier otra ciudad del norte o del levante español a la que se hubiera otorgado durante décadas un mal trato semejante por parte del Estado se habría rebelado hace mucho. Granada, no. Granada, hasta la revuelta sanitaria, se ha caracterizado por la apatía de sus habitantes y la insignificancia de sus élites. En la manifestación contra el aislamiento ferroviario del próximo día 12 veremos si los cargos públicos del PP esconden de nuevo la cabeza bajo el ala de la gaviota y se ausentan. Y si el alcalde logra que se le ponga detrás parte de la gente delante de la cual él no quiso situarse cuando defendía sus derechos hospitalarios. Y si, como el padre de Nicolás María López Calera, la ciudad permanece absolutamente desinteresada en salir de sí misma.

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